Si te hablo de Maquiavelo, la imagen que viene a la mente es la de un estratega frío y calculador, un maestro del poder y la manipulación.

Nicolás Maquiavelo fue un diplomático, historiador y filósofo que vivió en una época turbulenta, donde las traiciones, las conspiraciones y las guerras marcaban el destino de los gobernantes.

Su obra más famosa, El Príncipe es un tratado sobre cómo conquistar y conservar el poder. Su visión no era romántica ni idealista; era brutalmente realista. Para él, la moral y la justicia eran lujos secundarios frente a la única verdad que importaba en la política: la supervivencia.

Ahora, imagina que Maquiavelo no escribiera sobre príncipes y reinos, sino sobre cómo gestionar empresas. Que en lugar de aconsejar a un gobernante sobre cómo mantenerse en el trono, formase a directivos y fundadores sobre cómo dominar su industria.

¿Cómo serían sus consejos?

¿Qué se enseñaría en las escuelas de negocios?

Veamos.

Si Maquiavelo dirigiera una empresa, los libros de management serían muy diferentes.

Olvídate del liderazgo inspirador, de la cultura organizacional basada en valores y de la idea de que los empleados son una gran familia.

Maquiavelo no escribiría sobre liderazgo empático; escribiría sobre el poder, la estrategia y cómo mantener el control.

Porque para él, lo importante no es ser querido, sino ser respetado.

No es jugar limpio, sino jugar inteligentemente.

Primero, entendería una verdad clave: el negocio no se trata de buenas intenciones, sino de resultados. No importa cuánto te esfuerces en ser justo o ético, lo que define el éxito es la supervivencia.

Y en un mundo donde la competencia es feroz, donde los mercados cambian sin piedad, donde los clientes y empleados pueden ser leales hoy y traicionarte mañana, la ingenuidad es una debilidad.

Para Maquiavelo, un CEO que solo quiere ser amado está destinado al fracaso.

Porque el liderazgo no se trata de complacer, sino de gobernar.

‘Es mejor ser temido que amado si no puedes ser ambas cosas’

Esa sería su regla de oro en la dirección de empresas. No significa ser un tirano, sino entender que la autoridad y el respeto son más valiosos que la simpatía.

Un líder que se esfuerza demasiado en ser popular pierde su capacidad de tomar decisiones difíciles. Y un líder que no puede tomar decisiones difíciles no es un líder; es una marioneta."

Maquiavelo también entendería el valor de la percepción.

En los negocios, la imagen lo es todo.

La confianza de los inversores, la moral de los empleados, la lealtad de los clientes… todo depende de cómo se maneja la narrativa.

Y es que la verdad importa menos que la apariencia de la verdad.

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Si Maquiavelo fuera CEO...